martes, 20 de noviembre de 2012

La coordinación, un proceso clave para la innovación.

La innovación entendida como producto de una organización social, viene a movilizar el deber ser de la extensión. Gracias a Internet ahora resulta más fácil entender el valor que tienen las redes como instrumentos para el cambio. Revisar nuestras capacidades y procedimientos profesionales frente a esta concepción de la innovación ayudará a mejorar la efectividad del cambio. 
La coordinación



Ya sea para una carrera de remos como para llevar el hombre a la luna, se requiere tanto de la división de tareas como también de la coordinación entre ellas. Dos requisitos opuestos que deben ser considerados para lograr el objetivo. Los procesos que llevan a la innovación, también implican la tarea y participación de múltiples actores operando de manera coordinada. Una coordinación que termina desarrollando una organización social, a veces visible y otras veces tácita. Usar como perspectiva de análisis a la organización social de los actores, implica un desafío interesante para entender y aportar a la innovación desde la extensión.

Detectar los actores que activan o frenan la innovación, ver sus enlaces y relaciones, conocer el poder relativo de cada uno dentro del proceso, sus intereses en torno a un tema, constituirán los cimientos de la tarea. Ver cómo se relacionan y entender cómo se coordinan, es un desafío más grande aún para potenciar la efectividad del cambio. Sobre todo sabiendo que cada actor es un individuo con su propia historia, sus intereses, sus objetivos de vida, sus expectativas.

Cuenta la fábula que… “cuando se le preguntó al ciempiés en qué orden movía sus cien patas, quedó paralizado y murió de hambre, pues nunca había pensado en eso y había dejado que sus patas se encargaran por sí mismas”. ¿Cómo extensionistas, debemos involucrarnos en la manera en que están organizados los procesos sociales de innovación? ¿O tememos quedar inmovilizados?

Los actores sociales buscamos nuestros propios objetivos estratégicos con mucha autonomía. Partimos de base de conocimientos diferentes y respondemos a diferentes oportunidades. El concepto de coordinación que intentamos poner como desafío y en debate para potenciar la innovación, no opera en el sentido de imponer control en el sentido tradicional descendente. Por el contrario, dado el carácter difuso y auto guiado de los procesos de innovación, la mirada deberá estar puesta en la capacidad de autorregulación y en los mecanismos implícitos que la generan.  

El concepto de estructuras disipativas de Ilya Prigogine puede ayudarnos. El nos propone asociar las ideas de orden y disipación evitando ver sólo a la disipación como pérdida. Valorar el desorden como una oportunidad para un nuevo orden. Otra opción de apoyo para entender la autorregulación y los mecanismos implícitos en los procesos de innovación, es el concepto de autopoiesis de  Humberto Maturana y Francisco Varela que sirve para designar la organización de los seres vivos. La organización social que construimos las personas cuando queremos innovar, puede ser vista como un sistema autopoiético cuya red de procesos y operaciones puede crear o destruir elementos del mismo sistema como respuesta a las perturbaciones del medio. Y aunque el sistema cambie estructuralmente, la red permanece invariante durante su existencia.

Considerar a la organización social para la innovación como una estructura disipativa de orden y dispersión, y como un sistema autopoiético que crea y destruye para lograr la innovación, obliga un replanteo de nuestro papel en el proceso. La mutua influencia de los actores involucrados en un proceso de innovación construye la estructura básica de la organización.  Y como ésta cambia con cada proceso de innovación, no deberíamos pretender repetir formulas para nuestro desempeño profesional. En su lugar, será más inteligente destinar suficiente tiempo para analizar la manera en que deberíamos intervenir para potenciar la organización social de la innovación.

Cambiar el manual de procedimiento por la paleta del pintor podría ser una buena imagen para definir el desafía que enfrenta la extensión como disciplina frente a esta concepción de la innovación: esa que se define como un emergente de sistemas de información y conocimientos en entornos cambiantes y complejos.

Un desafío estimulante y creativo para los  profesionales de la extensión que se movilizan frente al cambio.