martes, 18 de junio de 2013

Los puntos de vista en la tarea de innovación

Por Adrián Gargicevich

La implementación de un cambio requiere de la comprensión, pero ésta depende de los puntos de vistas puestos en juego. Todo punto de vista es la vista de un punto. Leer significa releer, y comprender, interpretar. Para entender cómo alguien lee, es necesario saber cómo son sus ojos y cuál es su visión del mundo. La cabeza piensa a partir de donde los pies pisan. Porque cada uno lee y relee con los ojos que tiene. Porque comprende e interpreta a partir del mundo que habita. (Leonardo Boff).


Puntos de vista
¿Qué ves? ¿Una botella gigante, o un hombre corriendo a lo lejos y una botella en primer plano? ¿Depende no? Claro, es la idea, como nos propone L. Boff, cada uno tiene una forma de ver las cosas que depende de “cómo vive, con quien convive, qué experiencias tiene, en qué trabaja, que deseos alimenta, como asume los dramas de la vida y de la muerte y que esperanzas lo animan”. Considerar los “puntos de vista” puestos en juego frente al cambio, es  como encontrar uno de los motores para la innovación. Las cosas solo se moverán si nuestra historia y vivencias nos muestran un punto de vista que requiera un cambio. 

Conocer los puntos de vista de los participantes en relación con el cambio a gestionar es una clave que podremos usar para facilitar el proceso. En los “puntos de vistas” anidan las creencias y certezas que impulsarán los pasos que lleven al cambio. Para comprender por qué ocurren o no las cosas, es esencial conocer el lugar social de quien “mira”, “lee”, “vive” la necesidad del cambio.

Si trabajáramos como facilitadores del cambio tratando de homogeneizar los diferentes puntos de vistas puestos en juego, pensando en ser energéticamente más eficientes, podemos estar transformando el propio proceso de cambio en una “utopía”. La diversidad será el desafío a vencer. Hay que animarse a facilitar en la diversidad. Entendiendo las miradas y conociendo a los observadores. Aunque nos lleve más tiempo y esfuerzo el resultado de nuestra tarea como facilitadores será más efectivo.  

Muchas veces actuamos promoviendo cambios sin detenernos lo suficiente para considerar al otro. Automatizamos tanto nuestras acciones que no nos damos tiempo para considerar el efecto, y sobre todo, considerar a las otras personas con la que debemos interactuar.

¿Por qué somos tan reacios al cambio de estrategias? Nuestro cerebro es una red que se modifica así misma, posee plasticidad. ¿Pero qué es lo que hace el cambio y como potenciar esta habilidad? Estamos preparados para cambiar pero no siempre lo hacemos, tenemos la tendencia a elegir procedimientos rígidos y rutinarios. ¿Por qué? Es por la paradoja de la plasticidad. Nuestro cerebro usa los caminos más fáciles creando algunos senderos que nos mantienen en la huella. Y esa huella que se profundiza con el uso es la que hace que nos cueste más abandonarla, cambiar. Para crear nuevos caminos hay que hacer un esfuerzo deliberado. Tenemos la tendencia natural a fomentar comportamientos rígidos y automáticos. Esta situación hace que cuando no usamos determinadas funciones cerebrales alternativas, estas empiecen a degradarse. ¿Si estamos programados para cambiar por qué nos cuesta tanto? El cambio mental requiere el mismo esfuerzo que los cambios físicos,  pero como sus indicadores son mucho más sutiles, nos cuesta mucho más comprenderlos para actuar y cambiar. ¿Depende del punto de vista no?  

Cambiar implica aprender un nuevo camino. Algunas circunstancias nos ayudan para lograr el cambio. La colaboración con otra persona es una de ellas, en la colaboración somos más receptivos al aprendizaje. Colaborar es un momento muy fértil para hacer más plástico nuestro cerebro. El entorno puedes ser otra circunstancia para el cambio, cambiar es más fácil cuando cambiamos el entorno donde nos desempeñamos. Variando el entorno donde se generaron nuestras estructuras (huellas) para el comportamiento, se facilita el proceso para encontrar nuevos caminos. Colaborando en nuevos entornos encontraremos opciones para crear nuevos caminos.

Si está acostumbrado a valerte rutinariamente de las mismas estrategias como facilitador de procesos de innovación y quieres cambiar y no te animas te sugiero: comienza a considera el punto de vista de los otros, ayúdate a ti mismo colaborando con ellos y cambia el entorno para poder aprender los nuevos caminos. Animarse uno mismo al cambio de estrategias es una manera de alimentar el proceso de innovación por el que trabajas.

¿Qué opinas, cuál es tu punto de vista?

(BOFF, Leonardo a. Àguia e la galinha, uma metáfora da condiçao humana. 18º ed. Brasil. Editora Vozes.1998.206)