martes, 20 de agosto de 2013

Potenciar la innovación a partir de las diferencias

Por Adrián Gargicevich

Mira el dibujo y piensa. Si fueras el responsable de distribuir y acomodar los cajones en que se paran los niños: ¿Qué resultado te gustaría producir, igualdad o justicia? Para estar seguro de la elección hay que saber diferenciar los efectos de nuestras decisiones procedimentales sobre los actores con los que interactuamos. En especial cuando las diferencias no son físicas como en el caso de los niños.

La tarea de extensión encuentra su razón de ser en las relaciones que se generan entre las personas. Más allá de los tiempos y las tecnologías, hacer extensión es simplemente, o mejor dicho complejamente, un acto intersubjetivo. Hacia allí debemos girar nuestra mirada profesional, en la intersubjetividad se ubicará la construcción del conocimiento necesario para lograr el cambio. Los objetos o temas que nos convoquen como extensionistas sólo serán el punto de encuentro para nuestras conversaciones. Si queremos contribuir con el cambio, el centro de atención debe estar puesto en lo que pasa entre las persona.

Podemos poner a todos en igualdad de condiciones para el intercambio de información que genere el conocimiento que traccione el cambio, pero esto no nos asegurará justicia dado que por naturaleza todos somos diferentes ante las interacciones. En cada encuentro nos comportaremos diferente, reaccionaremos distinto, sentiremos diferente. Porque cada uno de nosotros venimos cargados con nuestros afectos, experiencias, emociones, historias, deseos,  capacidades, ideologías, concepciones, que se harán evidentes al momento del  encuentro con el otro, que también asistirá con su propia carga.

Este es el momento de valorar lo diferente, de construir desde allí, sin tratar de apelar a la uniformidad o la igualación, porque si lo hacemos, sin darnos cuenta estaremos discriminando. Debemos apartarnos de la tendencia natural a recorrer los cominos procedimentales que igualan y nos resultan cómodos, esos caminos no acompasarán la huella de los otros. Es necesario animarse a evitar la linealidad, abrazarse al devenir del camino y ser flexible para adaptarse a los requerimientos que imponen las diferencias. 

Una forma práctica de no caer en la igualación es tratar de no valerse de una única dimensión para potenciar el cambio. La información será necesaria, pero no la única dimensión en juego en el encuentro. Recuerda que llegaremos a cada encuentro con nuestras cargas. Trabajar también con las ideologías, las emociones, los intereses, las capacidades, y otras dimensiones  presentes, te asistirán para acompañar a los actores en la aventura del cambio. Estas otras dimensiones también harán la diferencia.

Informar será necesario, pero no debería ser la única dimensión a explorar. Para cada caso será necesario elegir o elaborar dispositivos propios, estratégicos! Iniciando el proceso con aquellos que te permitan interpelar la situación, identificando las distintas formas en que se la concibe, percibe, vive. Y siguiendo luego con aquellos que te sirvan para completar y construir desde esas racionalidades.   

Elegir el derrotero metodológico de apoyo a un proceso de cambio es como acomodar los cajoncitos del dibujo. Igualaremos cuando usemos metodologías intersubjetivas que no contemplen las desuniformidades. Seremos justos cuando las mismas se adapten a las valiosas diferencias con que fuimos dotados los sujetos. Si no valoramos y actuamos desde nuestras diferencias, podemos estar dejando a muchos en el camino de la creación del conocimiento que los impulse al cambio.