sábado, 30 de noviembre de 2013

Creer y crear

Por Adrián Gargicevich

Creer y crear son dos verbos que tienen en común la incertidumbre y la apuesta por el futuro. La innovación también es incertidumbre y futuro. Tal vez por eso sean éstos los dos verbos que tenemos que proteger durante nuestras intervenciones. Para ayudar a innovar es necesario creer en la gente y crear un proceso propio y único. Si cambiamos la forma de ver las cosas, las cosas cambian de forma.

Igual que en las papirolas, en la innovación se resumen las creaciones y las creencias. Apoyar un proceso de innovación es similar a construir una papirola, se requiere de paciencia, imaginación y una buena dosis de habilidad. Pero sobre todo requiere creer en la gente y estar dispuesto/a a crear algo nuevo, que surja desde el llano. Como el papel que le dio origen a estos dinosaurios.

Proteger la creencia en la gente implica disponerse a salir de los prejuicios y liberar lo que está sujeto. “Los hombres no se perturban por las cosas, sino por la opinión que tienen de éstas” (Epícteto).  La eficacia de nuestra tarea como promotores de las innovaciones puede quedar limitada si permitimos que los “sujetos” quedemos “sujetados” a los pre conceptos. Generar un entorno liberador de prejuicios es una receta necesaria para que el cambio pase por la construcción conjunta. Explorar las opiniones de los demás, animarse a un entorno de crítica, dejar espacio a las perturbaciones, en otras palabras sacarnos las etiquetas con las que las personas nos clasificamos, es proteger la creencia en la gente. Anímate a la crítica, a partir de ella se logrará un diálogo más fluido y efectivo. La crítica es un “regalo” que hay que poner en valor, ofrece puntos de vista que no percibimos, ayuda a empatizar, conocer y entender al otro, revela que formamos parte de los intereses o curiosidad de los otros, sincera y también muestra las diferencias. Diferencias que hacen que el mundo no sea aburrido. “Nadie dijo nunca todo está perfecto. Inventemos el fuego." (Fran Lebowitz). Cada intención, cada logro, ha surgido del descontento, no de la comodidad.

Proteger la creación de un nuevo proceso es dar forma a una idea, verla nacer, crecer. Como ocurre con los hijos. Es estar atentos y dispuesto a habitar un espacio donde no hay confort ni comodidad, sin escalas ni guías, un camino incierto y probablemente duro, y por supuesto mucho más abierto. Recuerda que cada proceso es único e irrepetible, te dejará enseñanzas pero no necesariamente podrás  replicarlas en otros. Es justamente en este espacio incierto donde surge la creación… ¿No resultó ser lo que imaginabas?... ¿Y por qué habría de ser un hijo Ingeniero en lugar de Músico como salió?. Los procesos también tienen vida propia. No trates de avizorar el próximo paso todo el tiempo, déjate un espacio para la sorpresa. Apoyar procesos participativos de innovación es predisponerse a aceptar los recorridos que se decidan. Y es esa creación del recorrido la que espera ser protegida. Libera el proceso, no lo amarres fuertemente a tus otras experiencias, apuesta a su autopoiesis, los procesos pueden reproducirse y mantenerse por sí mismo. Protégelos!

Muchas veces perder es ganar. En manos del artista, pierde el papel su perfección para crear una papirola que te permite creer.  También es bueno saber que la ecuación inversa funciona, creer es crear.