lunes, 1 de septiembre de 2014

El valor de los acoplamientos y las estrategias de sincronización en los procesos de desarrollo.

Por Adrián Gargicevich
Crecer no es lo mismo que desarrollarse. El desarrollo no se define por lo que una persona o un territorio tienen, sino por lo que puede hacer con lo que tiene. Para apoyar a un grupo social en su desarrollo es necesario descubrir primero sus capitales y sus potencialidades. Un proceso que requiere tiempo, pero que también ofrece el desafío de entender los modos de acoplamientos y las estrategias de sincronización de los participantes.
Acoplamiento y sincronización

Nuestro devenir como extensionistas solo ocurre en relación a otros. Aunque a veces nuestra atención profesional se vea distraída hacia los objetos (la tecnología, el producto, etc), solo es en el ámbito de lo intersubjetivo donde reside el sentido de la misma. Y es en esa misma intersubjetividad donde se plasma la sociedad.

Nos acoplamos a otros mediante la palabra como una estrategia de perduración. Lo hacemos pagando un costo: el costo de la perturbación. Cada vez que interactuamos, cambiamos, nos modificamos. En muchas ocasiones el producto nos reconforta y tratamos de repetir  la situación más a menudo, como cuando tenemos un ameno diálogo con un amigo, o una agradable cena con conocidos. Pero en otras ocasiones las consecuencias no nos satisfacen.  Más allá del resultado, el encuentro siempre nos obliga a cambiar nuestra forma entender el espacio donde nos desarrollamos. No somos iguales una vez que nos relacionamos, ambos cambiamos, ambos nos modificamos.  

Si estos acoplamientos mediados por la palabra se mantienen en el tiempo con cierta recurrencia, como es de esperar que suceda entre actores en un proceso de desarrollo, el acoplamiento se transforma en estructural, nos da forma. Cuando esto ocurre, la relación nos permite sustentar nuestras individualidades en el devenir de las interacciones. Somos en la medida del grupo, y el grupo es a nuestra medida. Se da un proceso de transformación mutua que perdura si se mantiene un determinado equilibrio. Solo cuando el efecto de uno sobre otro se desequilibra, ocurre el desacoplamiento.  

Tener la capacidad como extensionista de detenernos a reconocer los puntos de equilibrio y los intercambios que se habilitan durante los acoplamientos, nos brinda la oportunidad de reconocer los modos de cooperar, las capacidades y los roles que los actores sostenemos en la acción conjunta. También nos permite reflejarnos, identificando cuales son los acoplamientos que nosotros mismos generamos desde adentro del propio proceso (ya no como observadores, sino como buscadores de nuestra propia forma de perdurar) sabiendo que estamos realizándonos individualmente como miembro del grupo, mientras propiciamos la permanencia del mismo. Un delicado equilibrio que hay que cuidar, manteniendo la individualidad, pero potenciando la acción conjunta.

Pero el comportamiento social no es el resultado exclusivo de nuestras intensiones. La forma de comportarnos socialmente también es afectada por la influencia de nuestros vecinos. Por lo tanto, si nuestra tarea es potenciar al conjunto, será bueno también conocer cuál es la lógica con la que nos movemos cuando estamos agrupados. Mira el vídeo y luego rescatamos algunos aprendizajes para la tarea de extensión entorno a la idea de la sincronización.


Estudiosos del comportamiento grupal de las aves y los cardúmenes descubrieron que hay tres reglas básicas que sustentan la sincronización entre los individuos: 1- todos los individuos están conscientes de sus vecinos más cercanos; 2- todos los individuos tienen una tendencia a alinearse; 3- todos se atraen unos a otros. Por ello, cuando una amenaza los ataca, el más afectado del grupo se aparta del camino haciendo que sus vecinos lo sigan de manera sincronizada según las tres primeras reglas citadas. Así la reacción de uno afecta al conjunto.
Si bien en los procesos de desarrollo social los tiempos de las reacciones no suceden con la velocidad que muestra el vídeo entre los estorninos, muchas veces esto ocurre de manera imperceptible.  En ocasiones somos nosotros mismos, como extensionistas, la amenaza para el grupo. Nos pasa cuando intentamos abrir espacios para el desarrollo usando solo estrategias clásicas difusionistas. Apostamos al discurso como llave para sincronizar un vuelo compartido con otros, y terminamos volando solos.
Estar atentos al comportamiento grupal sincronizado entre vecinos ayudará a detectar amenazas y elaborar estrategias. Comportarse como extensionistas observando las propias reglas de la sincronización ayudará a prolongar la vida grupal, y sobre todo a saber si somos nosotros la amenaza para el grupo.   
El primer ministro Winston Churchill declaró una vez: «Nosotros damos forma a nuestros edificios y, después, nuestros edificios nos dan forma». Quizás se aplica como metáfora para los procesos grupales. Nuestro desempeño profesional deberá estar alerta al devenir de los acoplamientos y las estrategias de sincronización grupales en los procesos de desarrollo en los que participamos, reconociendo que participamos de la construcción conjunta, pero que está también nos da forma a nosotros mismos.