viernes, 21 de febrero de 2014

Salvar las circunstancias

Por Adrián Gargicevich

 Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo” es una de las ideas más conocidas de Ortega y Gasset que aparece en su obra “Meditaciones del Quijote” de 1914. ¿Será que a veces generamos circunstancias que deberíamos salvar para mejorar la tarea de extensión? Luego de una aventurada aproximación a esta observación filosófica, les propongo revisar y reconocer una circunstancia que probablemente generamos al hacer extensión, para salvarla y salvarnos!

¿A qué refiere Ortega y Gasset con el término circunstancia? La circunstancia es el mundo vital en el que cada uno se halla inmerso: familia, cultura, momento histórico, sociedad… el cuerpo y la mente de la propia persona. Existimos gracias a la existencia de los demás, y nos vamos formando en nuestro encuentro con el mundo, que no es precisamente una realidad independiente. Por el contrario, el mundo es lo que advierto y todo aquello de lo que me ocupo. Somos y existimos en relación con la vida. No es cierto que primero nos encontremos a nosotros y después al mundo, nos encontramos a nosotros sólo en la medida en que nos vemos instalados en el mundo, cuando nos ocupamos de las cosas, de las personas…de nuestra circunstancia. Nuestro Yo se va formando en su encuentro con el mundo.

Prestar atención a las circunstancias que nos van constituyendo como sujetos durante la tarea de extensión, nos ayudará a mejorar los resultados. Las relaciones intersubjetiva que desplegamos y construimos al trabajar son un buen punto de atención para observar y salvar circunstancias. Despleguemos a modo de ejemplo solo una para que luego Uds. sobrevuelen sobre otras.

A veces el entusiasmo que ponemos en la propuesta innovadora que trabajamos, nos imposibilita reconocer que todos somos esencialmente iguales de inteligentes. Inteligentes desde la concepción biológica de la inteligencia: todos podemos desarrollar plasticidad conductual en un mundo cambiante. De hecho lo hacemos todo el tiempo. Tal vez porque usamos más frecuentemente otra concepción de inteligencia, puede pasarnos desapercibido la capacidad conductual del otro ante los cambios que proponemos. Cuando lo hacemos, aunque no sea nuestro deseo, automáticamente discriminamos creando una circunstancia que luego nos afectará en la tarea. Si construimos una vinculación desde la desigualdad estaremos legitimándola, lo que siga dependerá de cuál sea nuestra actitud ante la misma y de cómo la vivamos.

Si reconocemos que todos somos igualmente biológicamente inteligentes; que el hecho de que se sigan un camino u otro no depende de la inteligencia sino del entorno; que las dificultades no son nunca relacionadas con la inteligencia, sino que pertenecen al espacio emocional, estaremos en mejor situación de no generar una circunstancia de discriminación que debamos salvar para salvarnos!

Tendremos que estar atentos a no reducir la libertad de acción. Para que yo tenga libertad de escoger y otra persona a mi lado también la tenga, tenemos que estar en la misma posición inicial. Si quiero evitar esas discriminaciones, o esas brechas muchas veces imperceptibles, tengo que generar las condiciones para que el otro pueda tener las mismas posibilidades para el desarrollo de sus preferencias.

Como nos vemos altos o bajos, gordos o flacos, hombres o mujeres, cuesta un poco convencernos de ésto que resulta tan básico: todos somos iguales en nuestra plasticidad conductual y merecemos las mismas oportunidades. Quizás sea este un aspecto a cambiar en nuestro desempeño, estar más atentos a considerar la capacidad de adaptación de los otros a las circunstancias que ofrece la innovación que alentamos.

Ortega y Gasset nos propone que si no salvamos la circunstancia, no salvamos nuestro yo. Es importante hacerse cargo de uno mismo y, partiendo de la aceptación de tu cuerpo, de tu ser, de tu entorno, enfocar tu proyecto de vida, tu deseo de ser auténtico y de mostrarte ante los demás como realmente quieres hacerlo. Date y da la oportunidad de elegir libremente, todos podemos desarrollar plasticidad conductual en un mundo cambiante, todos somos igualmente inteligentes. Estemos atentos para salvar ésta circunstancia y así lograr cambios efectivos al hacer extensión.