miércoles, 11 de junio de 2014

Focalizándonos en relaciones más fluidas. Nuevos tiempos para viejos retos en la extensión rural.

Por Adrián Gargicevich

Dice el proverbio popular “nada nuevo bajo el sol, sólo cambian las sombras que se proyectan a lo largo del día”. Mirar sólo el objeto para predecir las sombras que generará, nos puede llevar a confusiones. Muchas veces, la simplificación en el debate sobre la efectividad de nuestra tarea como extensionistas corre el mismo riesgo, forzamos la mirada en los objetos, predecimos las formas que tomarán sus proyecciones y perdemos de vista a los sujetos que la generan. 

Pero a la luz del sol, las cosas siguen siendo las mismas, sólo se proyectan diferentes según el momento. Más allá de los temas, los tiempos y los cambios tecnológicos, el cimiento procedimental en la tarea de extensión se asienta en las relaciones que construimos entre los sujetos. La intersubjetividad sigue siendo el elemento basal en la extensión. El diseño de las acciones de extensión no solamente requiere del conocimiento técnico del tema que se abordará, sino también de un cuidadoso reconocimiento mutuo de los interlocutores que estaremos dialogando en el proceso. Nos referimos no solo a reconocernos según nuestra edad, género, experiencia, intereses, historia, etc., categorías clásicas que en algunos casos ordenaremos inconscientemente, sino  también a reconocernos con otras miradas, por ejemplo, desde los diferentes estilos de aprendizaje que probablemente estén en juego en el intercambio. ¿Alguna vez te preguntaste cómo aprendes?

En la tarea de extensión se apuesta a la generación de cambios sostenibles en el tiempo mediante la apropiación de nuevos aprendizajes. Nos enseñan los neurobiólogos, que la tarea de aprender algo resulta más efectiva si ocurre como producto de una acción intersubjetiva y si se modifica el entorno de aprendizaje. Si lo que proponemos es que exista mayor comprensión sobre un tema, que se generen aprendizajes que luego se transformen en conocimientos que sostengan las decisiones de cambio, debemos volver la mirada sobre los sujetos que aprenden, sobre sus entornos y sobre cómo es el proceso que genera “ese” conocimiento.

Al focalizarnos en las peculiaridades del intercambio que propiciamos, estaremos en mejores condiciones de entender el proceso de aprendizaje que se pone en juego y así poder potenciarlo. La mayor o menor fluidez de dicho intercambio, podrá actuar como indicador para nuestra tarea de facilitador. Debemos poder hacer fluir el aprendizaje, pero para ello será necesario conocer desde cuál perspectiva cada uno de nosotros aborda el aprendizaje. Proponemos reconocer a los actores con los que interactuamos como interlocutores válidos, no para transformarlos, sino para ayudarlos a entender y cambiar la realidad desde sus propios estilos y formas de concebirla.

Revalorizar la intersubjetividad en la tarea de extensión, permitirá estimularnos para direccionar nuestras energías: desde los objetos hacia los sujetos, desde la parte al todo, desde la divulgación de información a la generación de conocimientos. Ayudando, y ayudándonos, a hacer sostenibles los cambios. Capitalizando las ventajas de ser más plásticos en la búsqueda de opciones metodológicas para la tarea de extensión y disfrutando de la oportunidad que significa salir de nuestras propias zonas de confort metodológico. Las mismas que se reconocen cuando las sombras que proyecta nuestro accionar adquieren formas y tamaños diferentes a los imaginados, tan sólo por no mirar la intersubjetividad que la genera.

PD: en http://inta.gob.ar/documentos/red-er-no2/ páginas 29-35, encontrarás un procedimiento práctico para reconocer estilos de aprendizaje.