miércoles, 18 de noviembre de 2015

Para no confundir producto con resultado

Por Adrián Gargicevich

Para planificar un procesos de apoyo al desarrollo es crucial diferenciar claramente los “productos” que obtenemos durante el trabajo, de los “resultados” que se generan. Confundirlos puede llevarnos a un destino no deseado. El desarrollo no se define por lo que se tiene sino por lo que podemos hacer con lo obtenido. Los resultados, efectos o cambios que buscamos serán la manifestación visible del desarrollo. Los productos tan solo son los medios para lograrlo.

No luches solo por producir, lucha también por transformar.  Los producto por si solos no cambian la realidad, somos las personas que los usamos las que logramos esas transformaciones. La invitación que te propongo es a no “dormirse en los laureles” de los “productos” e intenta ir un paso más allá. Hacernos cargo de “cómo” y “para qué” las persona usaremos lo producido. Solo así estaremos orientando nuestra accionar hacia el resultado, cambio o efecto que con tanto esmero redactamos en el objetivo del proyecto. Si focalizamos nuestro accionar sólo en el producto, es probable que las cosas no cambien como deseamos o prometimos. Por eso, para lograr los “resultados” deseados lo primero es saber diferenciarlos de los “producto” y así poder virar el timón a tiempo.

Hablando sobre proyectos de desarrollo, el producto es un conjunto de bienes y/o servicios (tangibles o intangibles) destinados a los actores o beneficiarios, que se obtienen como consecuencia de la realización de distintas actividades y de la utilización de recursos. El resultado (cambio o efecto) es la variación, o cambio directo y/o indirecto que se producen como consecuencia del uso de los bienes y servicios entregados por el proyecto, y que se refleja a través de los actores o beneficiarios.  

Las diferencias también se pueden explicar a partir de los momentos en que ocurren unos y otros, desde los niveles de influencias y también mediante sus indicadores. Los productos surgen durante la propia ejecución del proyecto, pueden ser controlados por éste, y pueden ser medidos mediante indicadores de cantidad o capacidad. En cambio, los resultados pueden ocurrir más allá de los plazos establecidos por el proyecto, a corto o mediano plazo, no necesariamente serán controlables desde le proyecto (en todo caso solo podremos influenciar su ocurrencia) y se visualizarán mediante los comportamientos, las políticas y el desempeño de los actores.


En términos gráficos simplificados…

El objetivo de un proceso de desarrollo se hace evidente solo a través de los efectos, resultados o cambios, y no mediante los productos. Los productos solo son los instrumentos para lograr el efecto buscado. Focalizarnos en los efectos implica repensar las acciones del proyecto desde ese lugar, ser flexibles, cambiarlas si lo que producen no es lo buscado, adaptarlas en la marcha, elegir y estar atento a los indicadores que nos muestran las modificaciones en las conductas o el desempeño de los actores.

No todo es mágico y automático. Recordemos que los efectos que deseamos generar con un proyecto siempre serán “situados” en un contexto que no dominaremos. Por eso seré bueno predecir los cambios pero no todo el camino dejando un espacio para la sorpresa. Una opción entonces será no pensar en los actores o beneficiarios como individuos auxiliables sino como sujetos situados con los que interactuaremos, ajustando nuestras acciones a sus contextos.

Crecer no es igual a desarrollarse.  Mediante los productos puedo medir el crecimiento, mediante los efectos mido el resultado. El desarrollo no se define por lo que una persona o un territorio o un proyecto tienen, sino por lo que puede hacer con ello. Si trabajas para el desarrollo focalízate en los efectos, cambios o resultados, mejorarás la capacidad para satisfacer necesidades.

Bibliografía consultada: Material de apoyo teórico. Algunos elementos básicos para orientar los proyectos y programas hacia los efectos. Iris Barth INTA-GTZ