Tenemos una costumbre difícil de abandonar. Cuando queremos
ayudar a alguien a cambiar algo, rápidamente aparece un mapa. Primero hacemos
un diagnóstico, después definimos objetivos, luego armamos actividades, ponemos
fechas, distribuimos responsabilidades, definimos indicadores y finalmente
esperamos que las cosas sucedan más o menos como las imaginamos. Tiene lógica.
Un mapa tranquiliza: nos dice dónde estamos, hacia dónde vamos y cuál sería el
camino para llegar.
El problema es que la innovación no siempre ocurre en
territorios donde los caminos ya están construidos. Y ahí aparece una pregunta
incómoda: ¿estaremos intentando acompañar procesos de innovación con
herramientas diseñadas para recorrer caminos conocidos?
¿Y si el problema no fuera que las personas no siguen
nuestro plan… sino que estamos intentando planificar un territorio que todavía
no existe?
Proverbios y
cantares (XXIX)
Caminante, son tus
huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.
Antonio Machado
Hay viajes para los que un mapa nos sirve
Imaginemos que tenemos que viajar en automóvil desde una
ciudad a otra. La ruta está construida, las calles existen, las señales están
colocadas y el destino está definido. Podemos introducir la dirección en el GPS
y seguir las indicaciones; si encontramos una ruta cortada, buscamos una
alternativa que ya existe. Estamos frente a un proceso que, aunque pueda tener
cierta complejidad operativa, es fundamentalmente predecible. Aquí el mapa
funciona, y funciona muy bien.
Un mapa representa un territorio que ya conocemos. Por eso
podemos utilizar procedimientos, protocolos, instructivos, cronogramas,
manuales, listas de tareas, secuencias de actividades e indicadores
predefinidos. Son herramientas extraordinariamente útiles cuando sabemos cómo
funciona aquello que queremos hacer.
Pero ¿qué sucede cuando queremos ir a un lugar que todavía
no existe?
Allí comienza la innovación
Cuando hablamos de innovación no estamos hablando
simplemente de incorporar una tecnología nueva. Estamos hablando de cambiar
algo, y ese cambio ocurre cuando las personas construyen nuevos sistemas
de información y conocimiento para transformar una situación.
Por eso la innovación no está solamente en la cosa nueva: está en lo que ocurre
entre las personas que intentan hacer que esa cosa nueva tenga sentido, sea
posible y finalmente se convierta en una nueva manera de actuar.
Y ahí todo empieza a moverse. Una persona interpreta una
información de una manera, otra la interpreta de otra. Alguien propone una
alternativa, otro cuestiona la propuesta. Alguien prueba, algo no funciona,
aparece un aprendizaje.
Ese aprendizaje modifica la siguiente decisión, la decisión modifica las
relaciones, las relaciones generan nuevas posibilidades y el contexto vuelve a
cambiar. ¿Se parece esto a seguir un mapa? No demasiado. Se parece mucho más a
navegar.
Complicado no es lo mismo que complejo
Esta diferencia puede cambiar radicalmente nuestra manera de
diseñar un proceso de apoyo a la innovación. Un reloj es complicado: tiene
muchas piezas, y lo mismo ocurre con un motor o con un avión, que es muchísimo
más complicado aún. Pero podemos estudiar sus componentes, conocer sus
relaciones y establecer procedimientos para intervenir sobre ellos. Con suficiente
conocimiento, podemos anticipar bastante bien qué ocurrirá si modificamos
determinada pieza. Eso es lo complicado.
Lo complejo es diferente. Una familia es compleja, una
organización es compleja, una comunidad es compleja, un territorio rural es
complejo y un proceso de innovación también. ¿Por qué? Porque las partes no
permanecen quietas: se relacionan, se afectan y cambian. Una conversación puede
modificar una decisión, una decisión puede modificar una relación, una relación
puede abrir una oportunidad, y una oportunidad puede cambiar el problema
original obligándonos a volver a mirar. No podemos separar completamente las
piezas porque las relaciones entre ellas producen algo nuevo. Eso es
complejidad.
Aquella propiedad, cualidad o comportamiento nuevo que surge
de la interacción entre las partes de un sistema y que no existe en ninguno de
sus componentes por separado es lo que en la teoría de sistemas se llama emergente
sistémico. Y la innovación es eso, un
emergente sistémico. Por eso, descubrir y entender los emergentes del
sistema de innovación que abordamos, es la clave para apoyar ese proceso.
¿Entonces qué hacemos con nuestro mapa?
Lo primero: no lo tiremos. El mapa sigue siendo útil. El
problema aparece cuando queremos usarlo para todo. Un protocolo puede ser
excelente para una tarea conocida, un cronograma puede ayudarnos a organizar un
proyecto, una capacitación puede transmitir información necesaria, un
diagnóstico puede ayudarnos a comprender una situación. Pero ninguna de estas
herramientas garantiza por sí misma que emerja innovación.
Porque la innovación no es una receta. No existe una
secuencia universal del tipo "diagnóstico → capacitación → adopción →
innovación". Si existiera, innovar sería mucho más sencillo y,
probablemente, no necesitaríamos extensionistas o asistentes técnicos: bastaría
con entregar el manual correcto.
Para lo complicado: mapa. Para lo complejo: brújula.
Cuando el terreno es conocido, podemos decir "este es
el camino", definir pasos, estandarizar, controlar, buscar eficiencia y
medir cumplimiento. El mapa tiene sentido porque el camino ya fue construido.
Pero cuando el terreno cambia, necesitamos otra lógica. Una
brújula no nos dice qué camino exacto tomar, no conoce todos los obstáculos y
no sabe qué ocurrirá mañana. Nos ofrece algo diferente: un rumbo. Nos ayuda a
decidir cuando el camino no está definido. Por eso la brújula representa muy
bien lo que necesitamos para acompañar innovación. No necesitamos decir
"hacé exactamente esto"; necesitamos poder decir "este es el
propósito, este es el norte, ahora veamos qué descubrimos mientras avanzamos".
Cambiar el mapa por la brújula no significa improvisar
Esta es una confusión frecuente. Trabajar con complejidad no
significa "hagamos cualquier cosa y después vemos". Todo lo
contrario: significa diseñar para aprender. En lugar de intentar anticipar
todas las respuestas, diseñamos pequeñas experiencias, observamos, conversamos,
interpretamos, aprendemos, ajustamos y volvemos a experimentar.
Es pasar de:
planificar → ejecutar → controlar … a
orientar → experimentar → observar → aprender →
adaptar.
No es menos profesional. Es otra forma de profesionalidad.
¿Y qué cambia para quienes hacemos asistencia técnica o extensión?
Aquí está, quizás, lo más interesante. Si creemos que
nuestro trabajo consiste en llevar respuestas, naturalmente construiremos mapas
y buscaremos la metodología correcta, la herramienta adecuada, la capacitación
necesaria, la secuencia ideal, la receta que funcione. Pero si entendemos que
acompañamos procesos complejos, nuestro trabajo comienza a parecerse más a
construir brújulas. Entonces aparecen otras preguntas: ¿qué información
necesitan estas personas para orientarse mejor? ¿Qué actores necesitamos conectar?
¿Qué conversación todavía no ocurrió? ¿Qué conocimiento está circulando y cuál
está quedando afuera? ¿Qué estamos aprendiendo de lo que intentamos? ¿Qué
podemos experimentar a pequeña escala? ¿Qué señales nos indican que necesitamos
cambiar el rumbo?
La intervención deja de ser solamente un conjunto de
actividades y se convierte en un dispositivo para aprender mientras se
transforma. Si quieres conocer cuál es tu perfil profesional predominante
frente a un proceso de innovación, te invito a revisar este otro posteo
anterior donde encontrarás La
brújula taxonómica de la extensión. Si te animas a ser sincero en tus
respuestas en la aplicación, encontrarás al final un diagnóstico personal y
algunas sugerencias para revisar tu estilo de apoyo a los procesos de
innovación.
Algunas herramientas tienen lógica de mapa y otras de brújula
Podemos verlo rápidamente en esta comparación:
|
Lógica del mapa |
Lógica de la brújula |
|
Plan de trabajo cerrado |
Propósito compartido |
|
Protocolo |
Principios orientadores |
|
Manual |
Preguntas generadoras |
|
Cronograma |
Ciclos de experimentación |
|
Capacitación |
Aprendizaje entre pares |
|
Diagnóstico |
Exploración continua |
|
Lista de tareas |
Conversaciones estratégicas |
|
Indicadores de cumplimiento |
Señales de aprendizaje |
|
Solución prediseñada |
Prototipado |
|
Evaluación final |
Reflexión durante el proceso |
|
Transferencia |
Co-creación |
|
Control |
Retroalimentación |
La cuestión no es decidir cuál columna es "buena".
La pregunta es: ¿en qué columna estamos trabajando cuando decimos que estamos
acompañando innovación?
Una escena que quizás nos resulte familiar
Imaginemos una reunión de extensión. Llegamos con una
presentación: veinte diapositivas, un diagnóstico, tres objetivos, cinco
actividades, un cronograma y una propuesta metodológica. Todo preparado. Pero
alguien dice "eso acá no nos sirve", otro agrega "el problema no
es ese" y alguien más dice "nosotros ya probamos algo parecido".
Entonces comienza la incomodidad, porque nuestro mapa ya no coincide con el
territorio.
¿Qué hacemos? Podemos defender el mapa: explicar mejor,
insistir, mostrar evidencia. O podemos sacar la brújula y preguntar: ¿qué está
pasando realmente acá? ¿Qué cambió? ¿Qué estamos viendo que antes no veíamos?
¿Qué necesitamos aprender? ¿Qué podríamos probar? En ese momento la reunión
deja de ser una ejecución de actividades y se convierte en una oportunidad de
aprendizaje. Y allí puede comenzar la innovación.
Tal vez necesitamos cambiar nuestra idea de "buena intervención"
Durante mucho tiempo hemos asociado una buena intervención
con tener un buen diagnóstico, un buen plan, buenos materiales, buenos
contenidos, buenos indicadores y una buena ejecución. Pero en contextos
complejos quizás necesitemos agregar otra característica: una buena
intervención debe ser capaz de cambiar cuando cambia aquello sobre lo que
interviene. Porque si nuestra intervención no puede modificarse frente a
nueva información, tenemos un problema. Estamos defendiendo el mapa, no
acompañando el proceso.
El verdadero desafío: ¿qué queremos generar?
Esta pregunta me parece especialmente importante. Cuando
acompañamos innovación, podemos querer generar dependencia —"cuando
tengan un problema, vuelvan a consultarnos"— o podemos querer generar
capacidad —"cuando aparezca un problema nuevo, ustedes podrán
orientarse"—. No es lo mismo.
La primera opción necesita buenos mapas. La segunda necesita
buenas brújulas. Y quizás una de las mejores contribuciones que podemos hacer
como extensionistas sea justamente esa: ayudar a que las personas puedan
orientarse sin depender permanentemente de quien las orientó por primera vez.
Esta última opción es la que define el concepto
de desarrollo. El desarrollo no se define por lo que una persona o una
comunidad tiene, sino por lo que puede hacer con ello. Trabajar para
promover innovaciones no es trabajar para el crecimiento. Es trabajar para el
desarrollo de las personas. Una diferencia sustancial que debemos tener
presente para entender cuál es la mejor estrategia para el proceso.
Entonces… ¿mapa o brújula?
La respuesta probablemente sea: depende. Necesitamos mapas
cuando el camino está construido y necesitamos brújulas cuando estamos
construyendo el camino. Y necesitamos saber distinguir una situación de la
otra, porque quizás el problema no esté en nuestra capacidad de planificar,
sino en planificar aquello que no puede ser planificado completamente.
No podemos controlar todas las interacciones de un sistema
complejo, pero podemos construir mejores condiciones para que las personas
puedan observar, conversar, experimentar, aprender y adaptarse. No podemos
conocer exactamente qué ocurrirá, pero podemos definir hacia dónde queremos
avanzar. No podemos eliminar la incertidumbre, pero podemos aumentar nuestra
capacidad para navegarla.
Una última pregunta
Quizás la pregunta más interesante no sea "¿cuál es la
metodología correcta para promover innovación?". Quizás deberíamos
preguntarnos: ¿qué tipo de capacidad estamos construyendo en las personas
cuando las acompañamos? ¿Capacidad para seguir instrucciones, o capacidad para
orientarse? ¿Dependencia, o autonomía? ¿Adopción de una solución, o capacidad
para generar nuevas soluciones? ¿Cumplimiento de un plan, o capacidad para
aprender mientras se avanza?
Porque cuando el territorio cambia, el mejor mapa del mundo
puede quedar obsoleto. La brújula, en cambio, sigue indicando el norte.
Una invitación para cerrar
La próxima vez que diseñes una intervención de apoyo a la
innovación, antes de comenzar a escribir objetivos, actividades y cronogramas,
probá hacerte estas preguntas: ¿el camino que estoy diseñando ya existe, o
estoy ayudando a construir un camino que todavía no existe? ¿Estoy entregando
un mapa, o estoy ayudando a construir una brújula? Y quizás, sobre todo: ¿qué
tendría que cambiar en mi manera de acompañar si aceptara que la innovación es un
proceso complejo que emerge del sistema de información y conocimiento que
construimos cuando queremos solucionar algo?
No necesitamos dejar de planificar ni abandonar nuestro
conocimiento, ni renunciar a las herramientas que ya conocemos. Necesitamos
algo más difícil: aprender cuándo utilizarlas. Porque innovar no es avanzar por
un camino conocido; es avanzar mientras el camino se construye. Y allí nuestra
tarea como extensionistas puede adquirir otro sentido: no llevar a otros hacia
donde nosotros creemos que deben llegar, sino ayudarles a desarrollar la
capacidad de encontrar su propio rumbo.
Cuando el camino ya existe, usemos el mapa. Cuando el camino
todavía no existe, aprendamos a usar la brújula. Y quizás ese sea uno de los
primeros pasos para dejar de intentar controlar la innovación… y empezar
realmente a acompañarla.
Resumen compacto:
"No podemos abordar la innovación con mapas
porque los mapas asumen que el futuro es complicado pero predecible.
Como la innovación es un sistema complejo de relaciones humanas y
conocimiento en constante cambio, necesitamos brújulas: instrumentos que
mantengan el rumbo y el propósito claro, mientras nos dan la libertad de
adaptarnos a la incertidumbre del camino."
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#BrujulaTaxonomica #AprendizajeAdaptativo #PromocionDeInnovaciones #Desarrollo
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Recursos usados
¿Y si la innovación es un emergente sistémico? Análisis
alternativo y complementario para potenciar las innovaciones. https://redextensionrural.blogspot.com/2019/09/y-si-la-innovacion-es-un-emergente.html
De consumidores de datos a arquitectos del conocimiento. https://redextensionrural.blogspot.com/2025/09/de-consumidores-de-datos-arquitectos.html
El valor de los emergentes en los procesos de innovación. https://redextensionrural.blogspot.com/2025/05/el-valor-de-los-emergentes-en-los.html
La brújula taxonómica de la extensión. https://redextensionrural.blogspot.com/2026/05/la-brujula-taxonomica-de-la-extension.html
¿Crecimiento o desarrollo? https://redextensionrural.blogspot.com/2016/12/crecimiento-o-desarrollo.html
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