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viernes, 25 de septiembre de 2026

¿Mapa o Brújula? Innovar no es seguir un mapa, es aprender a usar la brújula

Por Adrián Gargicevich

Tenemos una costumbre difícil de abandonar. Cuando queremos ayudar a alguien a cambiar algo, rápidamente aparece un mapa. Primero hacemos un diagnóstico, después definimos objetivos, luego armamos actividades, ponemos fechas, distribuimos responsabilidades, definimos indicadores y finalmente esperamos que las cosas sucedan más o menos como las imaginamos. Tiene lógica. Un mapa tranquiliza: nos dice dónde estamos, hacia dónde vamos y cuál sería el camino para llegar.

El problema es que la innovación no siempre ocurre en territorios donde los caminos ya están construidos. Y ahí aparece una pregunta incómoda: ¿estaremos intentando acompañar procesos de innovación con herramientas diseñadas para recorrer caminos conocidos?

¿Y si el problema no fuera que las personas no siguen nuestro plan… sino que estamos intentando planificar un territorio que todavía no existe?

Proverbios y cantares (XXIX)

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.

Antonio Machado


https://redextensionrural.blogspot.com/2026/09/mapa-o-brujula-innovar-no-es-seguir-un.html


Hay viajes para los que un mapa nos sirve

Imaginemos que tenemos que viajar en automóvil desde una ciudad a otra. La ruta está construida, las calles existen, las señales están colocadas y el destino está definido. Podemos introducir la dirección en el GPS y seguir las indicaciones; si encontramos una ruta cortada, buscamos una alternativa que ya existe. Estamos frente a un proceso que, aunque pueda tener cierta complejidad operativa, es fundamentalmente predecible. Aquí el mapa funciona, y funciona muy bien.

Un mapa representa un territorio que ya conocemos. Por eso podemos utilizar procedimientos, protocolos, instructivos, cronogramas, manuales, listas de tareas, secuencias de actividades e indicadores predefinidos. Son herramientas extraordinariamente útiles cuando sabemos cómo funciona aquello que queremos hacer.

Pero ¿qué sucede cuando queremos ir a un lugar que todavía no existe?

 

Allí comienza la innovación

Cuando hablamos de innovación no estamos hablando simplemente de incorporar una tecnología nueva. Estamos hablando de cambiar algo, y ese cambio ocurre cuando las personas construyen nuevos sistemas de información y conocimiento para transformar una situación. Por eso la innovación no está solamente en la cosa nueva: está en lo que ocurre entre las personas que intentan hacer que esa cosa nueva tenga sentido, sea posible y finalmente se convierta en una nueva manera de actuar.

Y ahí todo empieza a moverse. Una persona interpreta una información de una manera, otra la interpreta de otra. Alguien propone una alternativa, otro cuestiona la propuesta. Alguien prueba, algo no funciona, aparece un aprendizaje. Ese aprendizaje modifica la siguiente decisión, la decisión modifica las relaciones, las relaciones generan nuevas posibilidades y el contexto vuelve a cambiar. ¿Se parece esto a seguir un mapa? No demasiado. Se parece mucho más a navegar.

 

Complicado no es lo mismo que complejo

Esta diferencia puede cambiar radicalmente nuestra manera de diseñar un proceso de apoyo a la innovación. Un reloj es complicado: tiene muchas piezas, y lo mismo ocurre con un motor o con un avión, que es muchísimo más complicado aún. Pero podemos estudiar sus componentes, conocer sus relaciones y establecer procedimientos para intervenir sobre ellos. Con suficiente conocimiento, podemos anticipar bastante bien qué ocurrirá si modificamos determinada pieza. Eso es lo complicado.

Lo complejo es diferente. Una familia es compleja, una organización es compleja, una comunidad es compleja, un territorio rural es complejo y un proceso de innovación también. ¿Por qué? Porque las partes no permanecen quietas: se relacionan, se afectan y cambian. Una conversación puede modificar una decisión, una decisión puede modificar una relación, una relación puede abrir una oportunidad, y una oportunidad puede cambiar el problema original obligándonos a volver a mirar. No podemos separar completamente las piezas porque las relaciones entre ellas producen algo nuevo. Eso es complejidad.

Aquella propiedad, cualidad o comportamiento nuevo que surge de la interacción entre las partes de un sistema y que no existe en ninguno de sus componentes por separado es lo que en la teoría de sistemas se llama emergente sistémico. Y la innovación es eso, un emergente sistémico. Por eso, descubrir y entender los emergentes del sistema de innovación que abordamos, es la clave para apoyar ese proceso.

 

¿Entonces qué hacemos con nuestro mapa?

Lo primero: no lo tiremos. El mapa sigue siendo útil. El problema aparece cuando queremos usarlo para todo. Un protocolo puede ser excelente para una tarea conocida, un cronograma puede ayudarnos a organizar un proyecto, una capacitación puede transmitir información necesaria, un diagnóstico puede ayudarnos a comprender una situación. Pero ninguna de estas herramientas garantiza por sí misma que emerja innovación.

Porque la innovación no es una receta. No existe una secuencia universal del tipo "diagnóstico → capacitación → adopción → innovación". Si existiera, innovar sería mucho más sencillo y, probablemente, no necesitaríamos extensionistas o asistentes técnicos: bastaría con entregar el manual correcto.

 

Para lo complicado: mapa. Para lo complejo: brújula.

Cuando el terreno es conocido, podemos decir "este es el camino", definir pasos, estandarizar, controlar, buscar eficiencia y medir cumplimiento. El mapa tiene sentido porque el camino ya fue construido.

Pero cuando el terreno cambia, necesitamos otra lógica. Una brújula no nos dice qué camino exacto tomar, no conoce todos los obstáculos y no sabe qué ocurrirá mañana. Nos ofrece algo diferente: un rumbo. Nos ayuda a decidir cuando el camino no está definido. Por eso la brújula representa muy bien lo que necesitamos para acompañar innovación. No necesitamos decir "hacé exactamente esto"; necesitamos poder decir "este es el propósito, este es el norte, ahora veamos qué descubrimos mientras avanzamos".


Cambiar el mapa por la brújula no significa improvisar

Esta es una confusión frecuente. Trabajar con complejidad no significa "hagamos cualquier cosa y después vemos". Todo lo contrario: significa diseñar para aprender. En lugar de intentar anticipar todas las respuestas, diseñamos pequeñas experiencias, observamos, conversamos, interpretamos, aprendemos, ajustamos y volvemos a experimentar.

Es pasar de:

planificar → ejecutar → controlar … a

orientar → experimentar → observar → aprender → adaptar.

No es menos profesional. Es otra forma de profesionalidad.

 

¿Y qué cambia para quienes hacemos asistencia técnica o extensión?

Aquí está, quizás, lo más interesante. Si creemos que nuestro trabajo consiste en llevar respuestas, naturalmente construiremos mapas y buscaremos la metodología correcta, la herramienta adecuada, la capacitación necesaria, la secuencia ideal, la receta que funcione. Pero si entendemos que acompañamos procesos complejos, nuestro trabajo comienza a parecerse más a construir brújulas. Entonces aparecen otras preguntas: ¿qué información necesitan estas personas para orientarse mejor? ¿Qué actores necesitamos conectar? ¿Qué conversación todavía no ocurrió? ¿Qué conocimiento está circulando y cuál está quedando afuera? ¿Qué estamos aprendiendo de lo que intentamos? ¿Qué podemos experimentar a pequeña escala? ¿Qué señales nos indican que necesitamos cambiar el rumbo?

La intervención deja de ser solamente un conjunto de actividades y se convierte en un dispositivo para aprender mientras se transforma. Si quieres conocer cuál es tu perfil profesional predominante frente a un proceso de innovación, te invito a revisar este otro posteo anterior donde encontrarás La brújula taxonómica de la extensión. Si te animas a ser sincero en tus respuestas en la aplicación, encontrarás al final un diagnóstico personal y algunas sugerencias para revisar tu estilo de apoyo a los procesos de innovación.


Algunas herramientas tienen lógica de mapa y otras de brújula

Podemos verlo rápidamente en esta comparación:

Lógica del mapa

Lógica de la brújula

Plan de trabajo cerrado

Propósito compartido

Protocolo

Principios orientadores

Manual

Preguntas generadoras

Cronograma

Ciclos de experimentación

Capacitación

Aprendizaje entre pares

Diagnóstico

Exploración continua

Lista de tareas

Conversaciones estratégicas

Indicadores de cumplimiento

Señales de aprendizaje

Solución prediseñada

Prototipado

Evaluación final

Reflexión durante el proceso

Transferencia

Co-creación

Control

Retroalimentación

 

La cuestión no es decidir cuál columna es "buena". La pregunta es: ¿en qué columna estamos trabajando cuando decimos que estamos acompañando innovación?

 

Una escena que quizás nos resulte familiar

Imaginemos una reunión de extensión. Llegamos con una presentación: veinte diapositivas, un diagnóstico, tres objetivos, cinco actividades, un cronograma y una propuesta metodológica. Todo preparado. Pero alguien dice "eso acá no nos sirve", otro agrega "el problema no es ese" y alguien más dice "nosotros ya probamos algo parecido". Entonces comienza la incomodidad, porque nuestro mapa ya no coincide con el territorio.

¿Qué hacemos? Podemos defender el mapa: explicar mejor, insistir, mostrar evidencia. O podemos sacar la brújula y preguntar: ¿qué está pasando realmente acá? ¿Qué cambió? ¿Qué estamos viendo que antes no veíamos? ¿Qué necesitamos aprender? ¿Qué podríamos probar? En ese momento la reunión deja de ser una ejecución de actividades y se convierte en una oportunidad de aprendizaje. Y allí puede comenzar la innovación.

 

Tal vez necesitamos cambiar nuestra idea de "buena intervención"

Durante mucho tiempo hemos asociado una buena intervención con tener un buen diagnóstico, un buen plan, buenos materiales, buenos contenidos, buenos indicadores y una buena ejecución. Pero en contextos complejos quizás necesitemos agregar otra característica: una buena intervención debe ser capaz de cambiar cuando cambia aquello sobre lo que interviene. Porque si nuestra intervención no puede modificarse frente a nueva información, tenemos un problema. Estamos defendiendo el mapa, no acompañando el proceso.

 

El verdadero desafío: ¿qué queremos generar?

Esta pregunta me parece especialmente importante. Cuando acompañamos innovación, podemos querer generar dependencia —"cuando tengan un problema, vuelvan a consultarnos"— o podemos querer generar capacidad —"cuando aparezca un problema nuevo, ustedes podrán orientarse"—. No es lo mismo.

La primera opción necesita buenos mapas. La segunda necesita buenas brújulas. Y quizás una de las mejores contribuciones que podemos hacer como extensionistas sea justamente esa: ayudar a que las personas puedan orientarse sin depender permanentemente de quien las orientó por primera vez.

Esta última opción es la que define el concepto de desarrollo. El desarrollo no se define por lo que una persona o una comunidad tiene, sino por lo que puede hacer con ello. Trabajar para promover innovaciones no es trabajar para el crecimiento. Es trabajar para el desarrollo de las personas. Una diferencia sustancial que debemos tener presente para entender cuál es la mejor estrategia para el proceso.


Entonces… ¿mapa o brújula?

La respuesta probablemente sea: depende. Necesitamos mapas cuando el camino está construido y necesitamos brújulas cuando estamos construyendo el camino. Y necesitamos saber distinguir una situación de la otra, porque quizás el problema no esté en nuestra capacidad de planificar, sino en planificar aquello que no puede ser planificado completamente.

No podemos controlar todas las interacciones de un sistema complejo, pero podemos construir mejores condiciones para que las personas puedan observar, conversar, experimentar, aprender y adaptarse. No podemos conocer exactamente qué ocurrirá, pero podemos definir hacia dónde queremos avanzar. No podemos eliminar la incertidumbre, pero podemos aumentar nuestra capacidad para navegarla.

 

Una última pregunta

Quizás la pregunta más interesante no sea "¿cuál es la metodología correcta para promover innovación?". Quizás deberíamos preguntarnos: ¿qué tipo de capacidad estamos construyendo en las personas cuando las acompañamos? ¿Capacidad para seguir instrucciones, o capacidad para orientarse? ¿Dependencia, o autonomía? ¿Adopción de una solución, o capacidad para generar nuevas soluciones? ¿Cumplimiento de un plan, o capacidad para aprender mientras se avanza?

Porque cuando el territorio cambia, el mejor mapa del mundo puede quedar obsoleto. La brújula, en cambio, sigue indicando el norte.

 

Una invitación para cerrar

La próxima vez que diseñes una intervención de apoyo a la innovación, antes de comenzar a escribir objetivos, actividades y cronogramas, probá hacerte estas preguntas: ¿el camino que estoy diseñando ya existe, o estoy ayudando a construir un camino que todavía no existe? ¿Estoy entregando un mapa, o estoy ayudando a construir una brújula? Y quizás, sobre todo: ¿qué tendría que cambiar en mi manera de acompañar si aceptara que la innovación es un proceso complejo que emerge del sistema de información y conocimiento que construimos cuando queremos solucionar algo?

No necesitamos dejar de planificar ni abandonar nuestro conocimiento, ni renunciar a las herramientas que ya conocemos. Necesitamos algo más difícil: aprender cuándo utilizarlas. Porque innovar no es avanzar por un camino conocido; es avanzar mientras el camino se construye. Y allí nuestra tarea como extensionistas puede adquirir otro sentido: no llevar a otros hacia donde nosotros creemos que deben llegar, sino ayudarles a desarrollar la capacidad de encontrar su propio rumbo.

Cuando el camino ya existe, usemos el mapa. Cuando el camino todavía no existe, aprendamos a usar la brújula. Y quizás ese sea uno de los primeros pasos para dejar de intentar controlar la innovación… y empezar realmente a acompañarla.

Resumen compacto:

"No podemos abordar la innovación con mapas porque los mapas asumen que el futuro es complicado pero predecible. Como la innovación es un sistema complejo de relaciones humanas y conocimiento en constante cambio, necesitamos brújulas: instrumentos que mantengan el rumbo y el propósito claro, mientras nos dan la libertad de adaptarnos a la incertidumbre del camino."

 

Palabras claves

#ExtensionRural #Innovacion #Complejidad #BrujulaTaxonomica #AprendizajeAdaptativo #PromocionDeInnovaciones #Desarrollo #Conocimiento

Recursos usados

¿Y si la innovación es un emergente sistémico? Análisis alternativo y complementario para potenciar las innovaciones. https://redextensionrural.blogspot.com/2019/09/y-si-la-innovacion-es-un-emergente.html

De consumidores de datos a arquitectos del conocimiento. https://redextensionrural.blogspot.com/2025/09/de-consumidores-de-datos-arquitectos.html

El valor de los emergentes en los procesos de innovación. https://redextensionrural.blogspot.com/2025/05/el-valor-de-los-emergentes-en-los.html

La brújula taxonómica de la extensión. https://redextensionrural.blogspot.com/2026/05/la-brujula-taxonomica-de-la-extension.html

¿Crecimiento o desarrollo? https://redextensionrural.blogspot.com/2016/12/crecimiento-o-desarrollo.html

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